Los 20 álbumes peruanos del 2020, según Rock en rojo y blanco

Invitamos a nuestro colega, amigo y colaborador de Rock Achorao’, Fidel Gutiérrez a compartir con nosotros sus valoraciones 2020 de nuestra escena musical contemporánea, él ha estado haciéndolo desde la cuenta de Facebook de “Rock en Rojo y Blanco”, la plataforma televisiva de la Agencia Peruana de Noticias Andina. En esta primera entrega se enfoca en sus álbumes favoritos. Queremos con esto saludarlo por su valioso aporte a lo largo de un cuarto de siglo, desde los tiempos de la inolvidable revista Caleta.

«Ni la pandemia ni los cambios de gobierno evitaron que los artistas independientes peruanos siguieran manifestándose a través de su trabajo musical. En un año de confusión y agitación, muchos optaron por cambiar sus rumbos y otros por reforzar sus convicciones y estilos a través de discos en los que dejan claro su compromiso con su arte. El hip hop se mostró más que antes en predios ajenos a los suyos, bandas indie de provincia demostraron que no tienen nada que envidiar a sus pares capitalinas y la experimentación electrónica más interesante volvió a ser aquella que no tiene complejos en acercarse a la música popular. En esta lista de discos de larga duración hay de todo como en mercadito de barrio. Acérquese y oiga».

Selección y textos: Fidel Gutiérrez M.

 

1. Fútbol en la escuela – Bomba Mágica Meravigliotta

Cinco años después de su estupendo debut (‘Canciones para víctimas de siniestros’, número 3 en nuestra lista de mejores discos de 2015), Fútbol en la Escuela vuelve a impactarnos. Su segundo disco lleva al sonido y a las pretensiones artísticas del grupo de Sayo Arriarán y Edgar Espinoza hacia planos superiores. El duro trabajo que ha implicado este ascenso y los resultados obtenidos nos llevan a considerar este disco como el más apropiado para representar lo mejor que se hizo durante el año en nuestra música joven. En ‘Bomba Mágica Meravigliotta’ la urgencia indie rock del debut del grupo ha dado espacio a un despliegue de creatividad amplio y sorprendente, con canciones que denotan madurez y sapiencia en lo musical y en los textos. Arriarán imposta la voz para dar más intensidad a estos, pero ya de por sí el detallismo de los arreglos convierten a cada tema en un universo propio y llamativo. Así, los vientos y cuerdas en ‘El amante del disparo’ aportan profundidad y campo a uno de los temas que, si no fuera por estos aditamentos y su parte final, repentinamente downtempo, podría haber formado parte del primer disco del grupo.

En ‘Nanaimo’, la emotividad desplegada recuerda a cierto (soft) rock británico y argentino, y es reforzada por un espléndido arreglo de trompeta, mientras que en ‘Oscilación’ el grupo manipula el pop ‘urbano’ contemporáneo, sometiéndolo a su propio juego al aplicarle pinceladas de psicodelia. Arriarán comparte el micrófono en ‘Omisiones’ con Valeria Alfaro, cantante invitada que da la talla dentro del contexto bossa / dream pop de esta canción sobre el amor perdido en la que las guitarras actúan como versátiles protagonistas. Otro tema a medio tiempo imposible de no destacar es ‘Cuadros decorados’ por esos arreglos de trompeta y para cuarteto de cuerdas que aparecen sobre su final para darle una especial dimensión. Los violines y violonchelos también realzan ‘Agresiones citadinas’, generando, junto a un sintetizador de sonido vintage, un clima de cósmica melancolía… La valla ha quedado bien arriba para cualquier cosa que Fútbol en la Escuela haga en el futuro. Independientemente de si en el futuro logren superarla, se les agradece por tan esforzada labor de amor por su música.

 

2. Túpac Amaru II – El cerrojo de tus ojos

Que el nombre de guerra de Edson Cain sea Túpac Amaru II, dice mucho. Dentro del hip hop es una alusión directa al imperecedero 2Pac y dentro de nuestra realidad remite al primer gran insurgente peruano; aquel que siglos después inspiraría a distintos movimientos reivindicativos, que fueron desde un gobierno militar progresista hasta a un grupo subversivo. En este disco el discurso de Túpac Amaru II también va por los rumbos del inconformismo y la militancia. Sus rollos anticapitalistas y revolucionarios son recitados con potencia y con una convicción que también resulta intimidante debido la fluidez de los argumentos y referencias ideológicas de los que está provista. Los versos abordan eternos problemas, como la explotación y la inclemencia del imperialismo, y fluyen sobre potentes beats elaborados por Rasgo en el Beat. Estos configuran panoramas sonoros tan oscuros como esas calles del Callao que vieron crecer a Túpac Amaru II. Sobre ellos flotan sampleos de temas de Portishead y discursos del comandante Hugo Chávez, entre otras explosivas e inesperadas referencias artísticas e históricas. Dinamita para el cerebro, lanzada en tiempos en que, en este país y en el mundo entero, es necesario avanzar hacia un cambio de paradigmas.

 

3. Estación Abisal – Hoy fue ese día

Casi al final del año aparece el disco debut de una banda cuya singularidad reclamaba atención desde sus primeros singles. La música de Estación Abisal lleva marcada la influencia del indie rock, pero los detalles, arreglos y cambios que muestran sus canciones evidencian curiosidad bien llevada y talento. Estamos, me temo, ante un trio de melómanos que han volcado en este disco toda esa música que los ha impulsado a persistir en ser una banda y que, por su osadía y variedad, remite a la mejor new wave (se percibe en ‘Inmerso’, potente canción) o al dream pop. Siendo un primer trabajo hecho de forma independiente y fuera de la órbita capitalina (Estación Abisal son desde ahora innegable punta de lanza de la muy interesante escena de Huancayo), ‘Hoy fue ese día’ sorprende por su pulcritud y su fino trabajo sonoro. Las guitarras de su también vocalista Gero Álvarez establecen los climas apropiados para el desarrollo de sus canciones. En algunas de ellas el grupo se aventura a incluir arreglos para cuerdas y de saxo (esto último en el melancólico tema final), dejando clara su amplitud de miras y ambiciones musicales.

 

4. Liquidarlo Celuloide – Anamnesis

Casi al terminar la década pasada la expresividad de Liquidarlo Celuloide fue adquiriendo matices más complejos, siempre desde una base hecha de ruido e improvisación. Paulatinamente, en cada uno de los discos que ha lanzado en los últimos diez años la sonoridad del proyecto iniciado por Juan Diego Capurro ha ido ganando consistencia, vinculándose (sin dejarse ganar por ellas), a estructuras cercanas al rock y al noise sicodélico. ‘Anamnesis’ es parte de esta mutación. Parte fundamental de dicho capítulo es la participación de Jaz Coleman, vocalista e ideólogo de los imprescindibles Killing Joke, quien produce el disco. Su intervención parece haberle dado más definición al sonido Liquidarlo. El minimalismo y el ruido prevalecen, pero los clímax y descensos que estos marcan alcanzan un equilibrio cercano al orden. ‘Perversión’, cantada por Coleman, es un ejemplo, así como ‘Asfixia’, el explosivo inicio del disco. Hay también acercamiento a otros senderos, como el del dub, en ‘Bajo el río de neón’, y el de la new wave en ‘Saliva’, tal vez el tema más friendly y seductor grabado en los casi 20 años de existencia de Liquidarlo Celuloide.

 

5. Kanaku Y El Tigre – ¿Si le doy zoom, puedo ver África?

Con ‘Quema, quema, quema’ (mejor disco del año 2015 para este humilde espacio), Kanaku y El Tigre empezaron la búsqueda de un sonido propio. Este periplo continúa en SLDZPVA, cada vez más lejos de etiquetas y siempre cercano a mutaciones que llevan un ADN folk o indiepop. Los sonidos electrónicos tienen esta vez una presencia más protagónica que antes y la impronta pop africana del anterior disco continúa por allí, con encanto y pana, en guitarras, fraseos vocales y cadencias como las que adornan ‘Canadá’. Y no hay que usar zoom para percibirla… Los ‘feats’ abruman algo, más por su cantidad y el peso de los nombres (Kevin Johansen, Jorge Drexler, Miki González) que por los resultados obtenidos. Salvo excepciones (‘Abre los brazos como un avión’ y ‘Nostalgia a destiempo’, esta última con Camille Jackson) sus aportes a las canciones del grupo no resultan tan significativos como lo que este ofrece con sus arreglos e inusuales sonoridades y con esa forma de cantar las cosas de su frontman, que oscila entre lo sublime y lo candelejón. Mucha personalidad la de estos señores, en todos los sentidos. Frases aparte para la alta producción sonora de todo el disco, encargada nuevamente al argentino Matias Cella; a este paso, ya casi un integrante más de la banda.

 

6. Akela Costanzo – Síncope

El tiempo que Akela lleva inmersa en la escena hip hop limeña le permite solventar con destreza y técnica los ejercicios de estilo y despliegues de creatividad que caracterizan este disco. Que se encuentre enmarcado mayormente en el lado old school del hip hop, no implica que ‘Síncope’ esté exento de sorpresas, como los toques neo soul del tema título o el trip hop vintage de ‘Latir’, el tema con el que finaliza un disco cuyos méritos son mucho más numerosos y significativos que el de ser el primer vinilo del hip hop local.

 

7. Nave Ascensor – Ayahuasca, S’il Vous Plaît

El estilo que ahora muestra Nave Ascensor se ubica casi en las antípodas de ese rock entre indie y psicodélico que cultivaron en sus primeros EP. Este disco, de sugestivo nombre, muestra al trío moviéndose con libertad y gusto en terrenos cercanos al funk y la fusión. La producción del venezolano Cheo Pardo, exguitarrista de Los Amigos Invisibles, parece haber potenciado el groove del trío, como evidencian temas como ‘No importa nada’ o el que lleva el título del disco; una pieza instrumental que en su brevedad, vincula al funk con ritmos afroperuanos. Similar experimento se repite en ‘Hacer el amor’, el tema final. Si con este vuelco de estilo el grupo buscaba darle un nuevo comienzo a su historia, lo ha logrado con creces.

 

8. Paruro – Geomúsica

Un viaje por y con el sonido, en el que este define los paisajes y lugares a visitar. ‘Geomúsica’ puede ser eso y a la vez una suerte de refugio abstracto en el contexto del año de guerra que está terminando. El disco supone un nuevo episodio dentro de la segunda etapa de Paruro, el proyecto unipersonal de Danny Caballero, protagonista de la escena avant garde limeña desde sus noventeros inicios (con los pioneros Hipnoascensión). El noise y los sonidos hallados y generados desde fuentes insospechadas siguen presentes, pero convertidos en piezas que terminan configurando un mapa que el oyente tendrá que seguir con curiosa y placentera atención. ‘Hydras’, el destino (y track) final, representa un paisaje apacible, al que llegamos sobrevolando amagos de caos ruidoso que remiten al background de su autor.

 

9. Sebastián Gereda – Tardes

Gestado entre Lima y Buenos Aires, este disco no solo recoge las mejores influencias de esos dos mundos, sino también de esos otros planetas que integran el universo del pop independiente contemporáneo. Sebastián Gereda (su currículum abarca, además de su papel como frontman de la banda rock Gris Volta, un interesante álbum (Hypercube) y varios EP en los que ha ido configurando una personalidad musical alejada ya de timbres rockistas y nutrida por el nuevo R&B, la electrónica de dormitorio, el pop argentino, el indie pop y el hip hop de avanzada (atisbado en la breve e intensa ‘1000 fantasmas’). Su talento se expresa en letras que rozan lo enigmático y arreglos sorprendentes (‘Ultravioleta’, tema insignia de este disco, así lo demuestra). Su buen oído se manifiesta en los diversos registros vocales a los que apela, de acuerdo al mood y la intención de cada canción, y con sutileza, elegancia y sensibilidad.

 

10. Surco Viejo – Sueños de Ondas Lentas

Kevin Muguerza, conocido por su rol como vocalista de la banda Almirante Ackbar, utiliza el seudónimo de Surco Viejo para dar rienda suelta a una fecundidad creativa rayana con la incontinencia. Hace un par de años su trabajo llamó la atención del sello A Tutiplén, que le editó un EP en el que se mostraba como ese diamante en bruto musical que sigue siendo. El siguiente paso ha sido este ‘Sueño de Ondas Lentas’, extenso (18 temas 18) y caleidoscópico resumen de las múltiples influencias que Muguerza canaliza y expresa. Indie rock, psicodelia, bedroom pop, muzak y varias otras etiquetas aparecen en cada uno de los tracks, grabados a lo largo del último lustro. Curiosamente –y he allí la fortaleza que hace que ubiquemos a este disco en un puesto expectante-, tal abundancia de información sonora fluye natural y espontánea, seguro gracias al candor y honestidad que estas canciones rezuman.

(Dato para quienes queden enganchados con el disco: En el Bandcamp de Surco Viejo hay una primera versión, fechada en 2017, que contiene 58 tracks. Sobredosis total).

 

11. Rü – Rojo

 

 

12. La Gran Rebelión – La Gran Rebelión

 

13. Andrea Martínez – Drama

 

14. Plug-Plug – Humanicomio Terráqueo

 

15. Los Lagartos – Luna – Lago – Abrigo

 

16. Emergency Blanket – Música de Emergencia

 

 

17. A.C.O – Lo que muere no acaba

 

18. Ruy Hinostroza – Vipassana

 

19. Rapper School – The End

 

20. ZAV – El Negrotismo Ilustrado

 

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