Grita Lobos – «Aínbo» [RESEÑA]

Por: LesterStone

Desde que hace una década tuve en mis manos –casi sin querer- un CD de enigmática tapa negra con ribetes azules brillantes, cuya silueta guardaba cierta semejanza a la de Unknown Pleasures de Joy Division, llamó mi atención que el individuo detrás de Grita Lobos haya elegido operar desde el anonimato, no solo por ser un concepto inusual en nuestro medio (el dúo Laikamorí apareció algún tiempo después), sino porque al despersonalizar su acto orientaba de modo inteligente todo el interés hacia la música. Su debut epónimo (2012), que es el disco al que me refiero, se distingue por un pulso electrónico que, acorde a la necesidad, puede ser IDM amable o mutar de inmediato en electro áspero y oscuro, con un fantasmal empleo de voces (Anahí de Cárdenas participa en un tema, dato para trivia) que volvía al proyecto una rara avis no solo dentro del catálogo del sello A Tutiplén, sino además en la escena limeña, donde era -y aún es- complicado hallarle similitud con algún otro artista. Por una senda análoga discurre Katalaxia (2017), notable entrega que hace suya una especie de hipnótica psicodelia en la que el productor se sirve a placer de beats contundentes, ruidismo digital y enérgico empleo de guitarras, elementos que suman en la búsqueda de texturas empatogénicas, como quien acerca al oyente a la experiencia psicotrópica de una sesión de ayahuasca, planta vinculada estrechamente a su génesis. Recuerdo bien el haber asistido a una performance de Grita Lobos por esa época, en una actuación gratuita para un festival llevado a cabo en el Parque Washington de Santa Beatriz: la puesta en escena incluía el refuerzo de músicos invitados que, luciendo también máscaras tribales, se ciñeron como un guante a la propuesta de su incógnito factótum, aunque el entusiasmo de algunos circunstantes (los gritos de “¡Habla, Efrén!” o “¡Buena, Katia!” fueron un gracioso spoiler) sirvió para distender en algo un set hipnótico y ad-hoc. Katalaxia Remixes (2021), suerte de repaso alternativo del homónimo, posee un espíritu más extrovertido al ser un compendio de remezclas efectuadas con talante dance, si bien conserva el alucinado carácter de los cortes originales.

En la nota de prensa con la que se informó en medios digitales sobre el lanzamiento de Aínbo (2022), su regreso discográfico propiamente dicho tras cinco años, se deja muy en claro la fuerte concepción femenina (y feminista) a la que se circunscribe este nuevo trabajo, que desde su título (“mujer”, en dialecto shipibo-konibo) marca posición y se inspira en personajes de aquí y de otras latitudes que le plantaron cara con valentía a las convenciones machistas y conservadoras de su entorno, siendo en muchos casos subvaloradas o víctimas del olvido pese a sus logros, los que el álbum busca reivindicar al dedicarle un track a cada una de ellas. Es obligatorio mencionar además la participación en roles diversos de las cantautoras Ati Lane y La Zorra Zapata, la multi-instrumentista Silvana Tello, la agrupación folktrónica Budapest (de la que forman parte Giuliana Origgi y Maribel Tafur), la compositora Ale Hop y las artistas shipibo-konibo Olinda Silvano y Silvia Ricopa, como para que la premisa bajo la que esta obra fue elaborada cobre aun más vigor.

Hace tiempo vi en YouTube un episodio especial de «What’s In My Bag?» de Amoeba Music, en el que la intérprete argentina Juana Molina expresa su gusto por el tipo de discos en los que el papel de cada ejecutante parece incierto y lo que importa es solo la fusión de ingredientes que lleven al resultado final: la cito porque es exactamente lo que siento con Aínbo, sobre todo por la manera en que el productor toma los aportes de sus distintas invitadas, los combina con su particular inventiva y ofrece un inquietante tour de force que precisa ser escuchado en integridad, no como una suma de temas separados. El single «Olivia», lanzado hace unas semanas, era un anticipo de que iba a tomar mayores riesgos que en sus predecesores, con sus casi 6 minutos de beat pulsante y repetitivo al que agrega un cántico entonado por Olinda Silvano y disonancias varias, con lo que genera un estado de trance que luego disuelve dentro de un lisérgico magma, en la que fue una abstracta declaración de intenciones. El resto de cortes de Aínbo comparte esa estética gélida y post-industrial, en donde la rítmica persistente y la adición de capas sintéticas en libre albedrío terminan configurando un paisajismo electrónico nocturno y sugerente. Las voces están manipuladas de tal forma que se convierten en un estrato más del armazón sónico (como en “Funmilayo”, “Christine” o “Utako”), por lo que -a mi entender- el álbum no se mueve en un nivel lírico, siendo fácil desligarlo musicalmente del significado que su autor plantea, quedando a criterio del escucha otorgarle el valor o connotación que su propia sensibilidad le permita decodificar. Eso último sucede particularmente en aquellas piezas que transitan por caminos de experimentación marcada (“Wang”, “Emma”, “Katherine”), en las que desarrolla más resueltamente su fijación con las atmósferas enrarecidas que ensayó en episodios anteriores (“Los muertos y el átomo” o “La soga de los espíritus”, por ejemplo), pero que tiene mayor sentido dentro de un conjunto que lleva las posibilidades expresivas del enmascarado un paso hacia adelante, en abierto rupturismo con su obra previa.

Aínbo es un trabajo singular y de lenta asimilación, poco apto para oídos que busquen disfrute inmediato o música para escuchar distraídamente: es de esos proyectos que requieren la atención completa del oyente, pues le exigen sumergirse de lleno en un viaje sensorial que no siempre resulta cómodo pero que, no obstante, puede recompensar a quienes tengan la disposición adecuada para aquilatar este surreal giro en el discurso sonoro de Grita Lobos, que desde su proverbial anonimato prefiere en cambio visibilizar la vida y hazañas de mujeres notables y consagrarles su entrega más audaz. Quién sabe dónde decida arribar en sus próximas pesquisas, pero conviene estar desde ya predispuestos a emprender otro periplo por ínsulas extrañas.

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