¡No esperes más! O la revancha de Serú Girán en Bogotá

Por: Umberto Pérez

Hasta hace unos años un concierto de David Lebón fuera del cono sur del continente americano era improbable. Quienes crecimos acompañados por su voz canora al frente de Serú Girán y de sus discos en solitario soñábamos con escucharle en vivo y en directo. Su resurgimiento vital y alegre finalizando la segunda década del siglo que corre, especialmente tras la edición de los dos volúmenes de ‘Lebón & Co.’, nos llevó a contemplar que, quizás, un show suyo por estas tierras podía ser una posibilidad.

En paralelo, Pedro Aznar, su compañero de marras mucho más activo, asumió la misión de la restauración sonora de los dos primeros álbumes de su banda común, bajo un cuidadísimo tratamiento sonoro en compañía del ingeniero Ariel Lavigna, seguida de sendas y vistosas reediciones en elepé que le devolvieron vigencia y relevancia (a diferencia de las ventajosas y pobres reediciones del catálogo del rock hispanoamericano de los grandes sellos: Universal, Sony y Warner, que coleccionistas afanados corren a comprar).

Fotografía: @andreswolf

Todo ello, sumado a la gira continental que celebró los cincuenta años de trayectoria de Aznar, en donde Serú Girán tiene un capítulo importante, fue creando un ambiente propicio para una nueva reunión (en 2007, ya se habían juntado para tocar y compartir repertorios propios y algo de su cuarteto prodigioso). Dicha reunión tomó forma en de abril de 2025 en el festival bonaerense Quilmes Rock bajo la figura de homenaje. Cinco meses más tarde, y en contra cualquier ocurrencia, Lebón y Aznar repitieron el show en el festival Cordillera en Bogotá. El sueño se nos cumplió a muchos, mas no a todos, por cuenta de los costos prohibitivos de las entradas. Pero, a veces, la vida es justa, y en juego largo suele haber desquite.

El homenaje doble en Buenos Aires y Bogotá dio pie a una gira que inició en Santiago de Chile en marzo y ya acumula 19 conciertos. El más impensado de todos aconteció, de nuevo, en la capital colombiana, en el festival de rock más grande y legendario de América Latina: Rock al Parque.

Fotografía: @andreswolf

Hasta la tarde del domingo 11 de octubre, Lebón y Aznar no habían tocado para un público tan inmenso, disímil y desbordado como al que se enfrentaron ese día. No ocurrió cuando el fabuloso cuarteto (integrado además, se sabe, por Óscar Moro, fallecido en 2005, y Charly García, en la actualidad confinado a una silla de ruedas debido a su movilidad reducida) alumbró a la juventud argentina entre 1978 y 1982 en recitales legendarios, como aquel gratuito en La Rural, en diciembre de 1980, que convocó a cerca de 60.000 almas, o los shows de regreso en 1992, que hicieron lo propio en cada función en el estadio de River Plate. Así que el de esa tarde fue especial por donde se le mire.

Fotografía: @andreswolf

Bordeando las siete de la noche, hora de inicio del show, se estimaba que en el Parque Metropolitano Simón Bolívar había alrededor de 150.000 personas y aún faltaban varias decenas de miles más por arribar a uno de los pulmones de Bogotá y casa del festival Rock al Parque desde 1995. Apenas una hora antes, el guitarrista chileno Claudio Narea había dejado hirviendo a la multitud por cuenta de las grandes canciones de Los Prisioneros. Tras la presentación juiciosa del dueto español de reggae Iseo & Dodosound, la masa presente en el escenario Plaza, el principal, se aprestaba para recibir el legado inmarcesible de Serú Girán ejecutado, ni más ni menos, que por David Lebón y Pedro Aznar, la mitad de sus integrantes.

Es innegable que la mayoría de asistentes no estaban allí con la excusa de cantar los clásicos de Serú Girán. Al gran festival capitalino acude la juventud porque ha construido un vínculo inquebrantable con Rock al Paque -no en vano celebró 30 ediciones-, pero ese día, nombres como el de Los Prisioneros, Mon Laferte, Gondwana, Esteman, Bándalos Chinos y, por supuesto Lebón y Aznar, convocaron a otras gentes poco dadas a acudir a la fiesta bogotana del rock.

Fotografía: @andreswolf

Pero también es indiscutible que a esta cita con Serú Girán la concurrencia fue superior a la del 2025. Esta vez estuvimos todos: quienes les escucharon a mediados de los años ochenta a través de casetes -grabados de los discos originales- “contrabandeados” de mano en mano y de vuelo en vuelo; quienes los descubrimos en los noventa en casetes grabados de esos casetes iniciales, conseguidos en los puestos de “piratas” de la Universidad Nacional o la Pedagógica, y más tarde en los cedés que vendían en las disquerías de la 19; y quienes accedieron a sus discos, primero a través de descargas “ilegales”, y después en plataformas de reproducción. Estábamos todos, y éramos muchos entre muchísimos.

Para quienes acudimos a esa cita con lo inefable, lo que siguió a la pista vocal de “La grasa de las capitales”, con la que inician sus conciertos, fue pura felicidad y gratitud. Durante una hora corta, cortísima para una deuda de tiempo tan larga, Pedro Aznar y David Lebón desgranaron un repertorio de Serú Girán celosamente curado para los tiempos que corren (apoyado con imágenes de su vuelta en 1992). “Frecuencia modulada”, “Alicia en el país”, “Encuentro con el diablo” y “No llores por mí, Argentina” materializaron el testimonio de un pasado y un presente de resistencia inteligente y colectiva; mientras que “Si me das tu amor”, “Desarma y sangra” y “A cada hombre y a cada mujer” dieron cuenta de su vena lírica y amorosa que alcanzó el éxtasis, cómo no, en “Seminaré”, el bis precedido del momento de euforia destinado a loas, vivas y agradecimientos, casi a sabiendas de que acababan de inmortalizar otra estampa histórica en Rock al Parque como hicieran sus paisanos Luis Alberto Spinetta (2004), Charly García (2012), Fito Páez (2009 y 2019), y el propio Aznar (2019).

Fotografía: @andreswolf

Pero fue en su repertorio más introspectivo cuando detuvieron el tiempo, al menos para quien esto escribe. No importó la confusión de Lebón en el inicio del concierto; tampoco la perfectibilidad de Pedro Aznar para una banda de rock and roll y por ello mismo imperfecta; y menos si todos los presentes en la plazoleta consiguieron conectar con una música atávica que contiene el espíritu del ser americano en el siglo XX. No, nada de eso importó. Sólo importó el solo de guitarra infalible de Lebón en “Noche de perros”; la incansable búsqueda de la comodidad de David por parte de Pedro en “Cuánto tiempo más llevará” y a lo largo de todo el show; la complicidad de una banda de reparto aplicadísima y virtuosa en “Esperando nacer” con Fernando Cosenza (guitarras), Federico Arreseygor y Juan Fermin Ferraris (teclados), y un exuberante Matías Sabagh en batería (ocupando con creces la silla que siempre le va a pertenecer a Óscar Moro); y la certeza en sintonía, en la voz rota de Lebón, de “Mundo agradable”. Quizás nunca más que aquella tarde de domingo bogotana fueron más irrefutables esos versos que aún resuenan en quienes estuvimos allí cantando: “Este es mi sueño y el de muchos más, esta es mi casa, donde quiero estar…”.

Fotografía: @andreswolf