El músico chileno Carlos Vargas, ex-integrante de corderolobo, presenta TOGAS, su nuevo proyecto musical y audiovisual, con ¿Y yo qué hago aquí?, un álbum de seis canciones que cruza instrumentos de raíz latinoamericana con una perspectiva de electrónica contemporánea.
A lo largo de veinte minutos, Vargas construye canciones alrededor de la memoria, los vínculos, la pérdida y los nuevos comienzos, evitando la narración literal para concentrarse en esas pequeñas marcas que dejan las experiencias. “Son canciones personales, pero no quise narrar los acontecimientos de forma literal. Me interesaba más trabajar con las huellas que dejan las experiencias: una imagen, una frase, una sensación o algo que permanece incluso cuando las cosas cambian”, explica en el comunicado de la Agencia Ovoide.
Musicalmente, TOGAS se presenta bajo el concepto de post-neofolk latinoamericano, combinando guitarra clásica, charango, quena y piano con sintetizadores, samplers, máquinas de ritmo, vocoder y texturas digitales. La producción, desarrollada junto a Felipe Bribbo, incorpora además la idea de una “electrónica botánica”, donde las capas sonoras crecen y se transforman progresivamente dentro de las canciones, en lugar de funcionar como un simple añadido.
El resultado es un debut especialmente sensible, que encuentra uno de sus mayores atractivos precisamente en ese equilibrio entre lo orgánico y lo electrónico. Hay referencias reconocibles —desde Juana Molina y Sufjan Stevens hasta Radiohead y Bon Iver—, pero ¿Y yo qué hago aquí? consigue convertirlas en parte de un lenguaje propio, íntimo y cuidadosamente construido.
La propuesta de TOGAS se extiende también hacia lo audiovisual. El proyecto está acompañado por un universo de ciencia ficción alrededor de TOGAS Memory Systems, una corporación ficticia dedicada a conservar recuerdos, sueños y emociones, que Vargas desarrolla a través de reels y piezas visuales. A esto se suman seis videoclips, cada uno con una estética particular.
Con ¿Y yo qué hago aquí?, TOGAS abre un proyecto donde música, imagen y tecnología funcionan como distintas entradas a una misma inquietud: qué queda de nosotros cuando aquello que creíamos permanente cambia de forma. Un debut que, en vez de cerrar esa pregunta, prefiere dejarla resonando.
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