Dillom acelera al límite y convierte el caos del entretenimiento en su nuevo disco ‘LA NUEVA VIOLENCIA’

Pocos artistas de la escena latinoamericana actual han logrado transitar con tanta impunidad y soltura entre mundos aparentemente distantes como Dillom. Desde sus primeros pasos, el bonaerense rompió la rigidez de los géneros al tender un puente orgánico entre el lenguaje del trap, la estética del rap y la potencia visceral del rock, el post-punk y el industrial. Esa capacidad para sonar desenfadado, auténtico y versátil sin perder la brújula conceptual es la que le permitió conectar de inmediato con un público heterogéneo que no busca etiquetas, sino identidad y actitud. Dillom no actúa como un invitado en el rock ni como un intruso en lo urbano; habita ambas escenas con naturalidad absoluta, usándolas como herramientas para construir un catálogo donde el riesgo es siempre la premisa.

Esa búsqueda constante cobra un nuevo sentido al contrastar sus dos entregas más recientes. Si en Por Cesárea (2024) fuimos testigos de una exploración psicológica, densa, introspectiva y teatral —donde el relato trágico y la culpa se vestían de baladas oscuras y arreglos orquestales—, LA NUEVA VIOLENCIA (2026) da un giro de 180 grados hacia el exterior. El nuevo álbum abandona la mirada hacia adentro para estrellarse de frente contra el frenesí de la cultura contemporánea. LA NUEVA VIOLENCIA mira hacia afuera con distorsión, ironía punzante y una energía frenética que sustituye el drama íntimo por un ataque ruidoso y saturado, convirtiendo la sobreestimulación digital y el ritmo voraz del entretenimiento en su combustible principal.

La propuesta sonora de LA NUEVA VIOLENCIA nace de un concepto tan crudo como su propia producción. Grabado durante dos semanas en una casona de 1860 acondicionada como estudio, el álbum convierte la arquitectura del lugar en un instrumento más, registrando ecos, crujidos y ruidos ambientales mediante técnicas analógicas y un circuito cerrado de cámaras. El resultado es una masa de sonido viscosa que viaja entre el noise, la electrónica de club, el punk y el rock and roll. En este caótico retablo, Dillom modula su voz entre el susurro y el grito, abordando la saturación de los cuerpos, el deseo y la apariencia en cortes como “Vedette”, “Superdiversión”, “Papá Se Volvió Loco” o “Fashion”, mientras que en “Souvenir” y “Maniquí” deja al descubierto una vulnerabilidad que contrasta con el ruido, cerrando el viaje con “Amigos”, una pieza que se levanta como un refugio afectivo genuino en medio del colapso.

El álbum destaca además por su particular entramado de colaboraciones, las cuales rechazan el rótulo comercial de featuring en el tracklist para priorizar la coherencia estética del proyecto. Entre las apariciones más comentadas se encuentran la de St. Vincent aportando texturas de guitarra en «Gente común», Sebastian Murphy (Viagra Boys) inyectando su cadencia post-punk en «Nadie coge gratis», y Declan Mehrtens (Amyl and the Sniffers) sumando electricidad en «Vedette». A ellos se suman los matices de la escena local con Miranda! (Juliana Gattas y Ale Sergi) desatando su impronta pop en «Fashion», Juana Aguirre añadiendo sensibilidad vocal en «Souvenir», y un ensamble de pop stars argentinas integrado por Juana Rozas, Babeblade y Terra dando cuerpo al coro que atraviesa varios pasajes del disco.

Con LA NUEVA VIOLENCIA, Dillom consolida un momento clave en su trayectoria, demostrando que prefiere la incomodidad de la experimentación constante. En lugar de replicar el éxito de sus trabajos anteriores, entrega una obra áspera, divertida y honesta que retrata el vértigo del presente sin intenciones moralistas. Es el testimonio de un músico en pleno dominio de su oficio que busca mantenerse en constante movimiento, entregándonos uno de los discos más viscerales, arriesgados y estimulantes en lo que va del año.

Dale play: