La historia del rock alternativo en Lima alberga procesos de resistencia creativa que merecen ser analizados con detenimiento. Hace aproximadamente dos décadas, el cuarteto 3 Yardas comenzó a edificar un espacio propio en los escenarios independientes, sosteniendo una actividad constante que luego entró en una pausa prolongada. Ese silencio terminó formalmente el año pasado con la publicación de Despertar, un EP de estudio que revitalizó la estética del grunge local a través de guitarras densas y una energía renovada. Desde aquel lanzamiento, los músicos mantuvieron una presencia sumamente activa, recorriendo diferentes circuitos de la capital y consolidando el reencuentro con su audiencia.
Tras esa descarga eléctrica, la agrupación decidió explorar la dualidad intrínseca que define al rock y a la propia experiencia humana. Existe una necesidad natural de volcar las emociones mediante la potencia, el grito y la explosión sonora, pero la salud de un proyecto creativo también exige momentos para contemplar, callar y mirar hacia el interior. Esta nueva producción discográfica titulada ‘-10 BPM’ materializa ese contrapeso necesario, exponiendo una faceta introspectiva que complementa la propuesta ruidosa a la que el grupo acostumbra a sus seguidores.
Este trabajo acústico, ya disponible en entornos digitales, se sostiene en una alteración consciente del pulso rítmico. Al ejecutar las grabaciones de manera independiente desde su entorno doméstico, los integrantes disminuyeron el tempo original de las composiciones en diez unidades por minuto. Esta modificación técnica despoja a los temas de la prisa del directo, generando que las estructuras de las canciones respiren con mayor holgura y permitiendo que los textos líricos adquieran un protagonismo inédito dentro de una atmósfera de quietud.
Este compendio de diez canciones rescata maquetas guardadas e inéditas junto a reversiones de su catálogo clásico. La entrega demuestra la vigencia de unos músicos formados en la escuela de la honestidad instrumental, donde la crudeza no depende del volumen de los amplificadores. Al final, el disco queda como un testimonio de madurez artística, ratificando que el impulso de seguir creando desde el corazón y con las emociones expuestas sigue siendo la verdadera brújula de su trayectoria.
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