Ghost Dance, referentes del rock gótico británico, llegan por primera vez a Lima

El rock gótico británico de los años ochenta dejó una colección de nombres que todavía resuenan en las habitaciones oscuras, las pistas de baile y la memoria de quienes encontraron en aquellas canciones una manera distinta de habitar el mundo. Entre ellos figura Ghost Dance, la banda que Anne-Marie Hurst formó junto a Gary Marx y que llegará por primera vez a Lima este sábado 14 de noviembre. Su visita, parte de la gira sudamericana «40 Years of Ghost Dance», representa la oportunidad de encontrarse con una agrupación cuya historia está ligada a dos capítulos fundamentales de aquella escena: Skeletal Family y The Sisters of Mercy.

Hurst llegó a Ghost Dance con una voz y una experiencia que ya habían dejado marca en el circuito post-punk. Marx, por su parte, había sido guitarrista de The Sisters of Mercy durante sus primeros años. La unión de ambos dio lugar a una música de bajos densos, guitarras de sombras largas y melodías que podían instalarse en la memoria después de una sola escucha. En canciones como «River of No Return», «The Grip of Love» y «Down to the Wire» conviven la tensión característica del género y una sensibilidad melódica que evita que todo quede reducido a la oscuridad. La voz de Hurst es el centro de gravedad: tiene dramatismo, carácter y una intensidad que convierte cada interpretación en algo profundamente personal.

Buena parte de esa personalidad también se encuentra en las emociones que atraviesan sus canciones. Las relaciones que se desgastan, las despedidas y aquello que sigue doliendo cuando todo parece haber terminado aparecen en su repertorio con una honestidad poco interesada en disimular las heridas. Hurst ha contado que grabar «It Rains», uno de los temas de su etapa reciente, la llevó hasta las lágrimas. Después de publicar Stop the World en 1989, Ghost Dance cerró su primera etapa y se alejó de los escenarios durante décadas. El regreso llegó en 2019, impulsado por Hurst y una nueva formación. Cuatro años después apareció The Silent Shout, un álbum que recupera el pulso de la banda y demuestra que aquellas canciones todavía tienen espacio para crecer.

La historia adquiere otra resonancia cuando se mira desde Lima. Mientras Ghost Dance desarrollaba su trayectoria en Inglaterra, la escena subterránea peruana encontraba sus propias formas de expresión a través de bandas como Voz Propia, Lima 13 y Cardenales. Décadas después, Carlos Compson mantiene parte de ese legado en movimiento. Su recorrido por proyectos vinculados al rock oscuro peruano desembocó en una carrera solista donde conviven el post-punk, la introspección y una exploración constante de la identidad. Levita Mortis, su quinto álbum, aborda la conciencia, la espiritualidad y la muerte desde la idea de transformación. Que Compson abra esta presentación permite reunir dos historias que comparten una sensibilidad, aunque hayan crecido a miles de kilómetros de distancia.

Ghost Dance llegará al C.C. Kantaro como parte de la celebración por los quince años de Tumbas Eternas, colectivo que ha contribuido a mantener viva la cultura gótica y oscura en Lima. La presencia de Carlos Compson completa una fecha que conecta distintas generaciones de músicos y oyentes alrededor de una misma tradición. Para quienes crecieron con los discos de Ghost Dance, será el reencuentro con una voz y un repertorio que acompañaron una época; para quienes recién se acercan a la banda, una ocasión para descubrir de dónde vienen algunas de las formas más perdurables del rock gótico. El sábado 14 de noviembre, esa historia tendrá por fin un capítulo limeño.

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