Dengue Dengue Dengue se rebautiza con ‘Vestigio’, un álbum sobre lo que permanece y se transforma

La historia de Dengue Dengue Dengue nunca se ha contado únicamente a través de su música. Desde sus primeros años, Felipe Salmón y Rafael Pereira entendieron que el proyecto debía reconocerse tanto por lo que sonaba en los parlantes como por lo que ocurría frente a los ojos. Las máscaras, el trabajo gráfico, los videos y la puesta en escena construyeron una identidad que podía reconocerse a kilómetros de distancia, incluso antes de saber quiénes estaban detrás. Esa coherencia responde a una concepción integral del proyecto. Ambos son productores, DJs y diseñadores gráficos, una combinación de oficios que ayuda a entender el peso de su propuesta audiovisual en la expansión internacional. Ahora, bajo el nombre DNGDNGDNG, presentan Vestigio, un álbum que pone a prueba esa identidad y explora cuánto puede cambiar sin perder sus rasgos esenciales.

El nuevo álbum reúne diez temas y llega después de varios años de lanzamientos, colaboraciones y exploraciones fuera del formato que los hizo conocidos. La transición hacia DNGDNGDNG comenzó en 2020, cuando el dúo empezó a desarrollar una faceta más centrada en los lenguajes de club y en una producción electrónica de contornos más ásperos. El nombre anterior había adquirido una personalidad muy definida, sostenida por la cumbia psicodélica, las máscaras y una estética de fuerte carácter tropical. Cambiarlo les permitió desplazar las expectativas que venían asociadas a esa etapa. Publicado por el sello británico Club Romantico, Vestigio convierte esa decisión en una propuesta de largo aliento.

Raíces peruanas bajo otra frecuencia

La idea del vestigio atraviesa el disco. Algo permanece después de una transformación, aunque haya perdido la forma que permitía reconocerlo. Para DNGDNGDNG, esa huella aparece en el tratamiento de las tradiciones peruanas y en su encuentro con el jungle, el hardcore británico y otras formas de música electrónica. La cumbia, la pandilla de Lamas y los ritmos afroperuanos pasan por procesos de fragmentación, distorsión y reconstrucción. Las referencias siguen presentes, pero el dúo las desplaza de sus contextos habituales para probar qué ocurre cuando sus estructuras se encuentran con otros sistemas rítmicos. El resultado apuesta por una electrónica más rugosa, que altera las formas reconocibles de sus fuentes y las lleva hacia terrenos menos previsibles.

“Brink0”, la pieza que abre el álbum, deja escuchar esa búsqueda a través de una base de cumbia grave, atravesada por cortes, resonancias y distorsiones. Su punto de partida remite a la energía de La Alianza Profana, el álbum debut que publicaron en 2012, aunque el tratamiento de los sonidos conduce hacia un territorio más fragmentado. En “Pantano”, la participación de Los Hijos de Lamas lleva al primer plano la pandilla de San Martín, una tradición que el dúo relaciona con la velocidad del hardcore británico. El encuentro importa por la investigación que lo sostiene. La música de Lamas conserva su lugar dentro de la propuesta y aporta elementos que el dúo transforma mediante la producción electrónica.

Las colaboraciones con Siete Catorce en “Señal” y Only Now en “Ciénaga” amplían el alcance de la propuesta y sitúan el álbum en conversación con distintas vertientes de la electrónica experimental. Esa apertura también implica un riesgo. Al apartarse de las claves que hicieron reconocible a Dengue Dengue Dengue, el dúo renuncia a parte de la inmediatez que caracterizaba sus primeros trabajos. Vestigio exige familiarizarse con otras relaciones entre los ritmos, las texturas y las referencias culturales que atraviesan sus diez canciones. La decisión puede distanciar a quienes esperan reencontrarse con la fórmula anterior, pero le permite al proyecto examinar su propia historia sin quedar atado a ella.

De Lima al circuito internacional, con sello propio

Dengue Dengue Dengue nació en Lima en 2010 y encontró pronto un espacio propio dentro de la escena independiente local. Su álbum debut, La Alianza Profana (2012), conectó la cumbia amazónica y la psicodelia con la producción digital, mientras Serpiente Dorada (2014) y Siete Raíces (2016) ampliaron las posibilidades de ese encuentro. Felipe Salmón y Rafael Pereira supieron mirar hacia su propia ciudad y reconocer en las expresiones tropicales, psicodélicas y populares un campo fértil para la experimentación. En lugar de tratarlas como referencias inmóviles, las llevaron a dialogar con la producción electrónica contemporánea y construyeron una propuesta con raíces peruanas capaz de circular por escenarios y festivales de distintos países. En una época en que la música independiente local tenía una presencia internacional todavía limitada, Dengue Dengue Dengue convirtió esa lectura de su entorno en una carta de presentación ante el mundo.

Esa proyección también dependió de la manera en que el dúo consiguió hacer reconocible su propuesta. En una entrevista con Red Bull Music Academy, sus integrantes hablaron de la importancia de producir un video que funcionara como carta de presentación ante públicos que aún no conocían su música. La apuesta visual acompañó así una búsqueda que ya tenía una dirección clara en lo musical. Las máscaras, las imágenes y el trabajo gráfico ayudaron a distinguir al proyecto en circuitos donde debía abrirse paso desde Lima y captar la atención de públicos muy distintos. Esa coherencia entre sonido e imagen reforzó su presencia internacional y convirtió su propuesta audiovisual en una parte inseparable de su trayectoria.

Las colaboraciones como método de investigación

La historia del dúo también se construyó mediante encuentros con otros músicos. Zenit & Nadir, su álbum de 2019, contó con la participación de integrantes de la familia Ballumbrosio y profundizó la relación entre electrónica y música afroperuana. Pudy Ballumbrosio había colaborado antes con el dúo en el EP Son de los Diablos; para el álbum, el trabajo con Miguel Ballumbrosio y otros percusionistas permitió desarrollar las bases a partir de interpretaciones realizadas para las composiciones, en lugar de depender únicamente de muestras grabadas. Aquella colaboración puso en contacto distintas maneras de entender el ritmo, la percusión y la ejecución musical. En años posteriores, el trabajo con Prisma en Pliegues y el EP Abisal prolongó la exploración hacia otras zonas de la electrónica. La participación de Los Hijos de Lamas en Vestigio conecta con esa historia de intercambios, aunque ahora el punto de partida sea la pandilla amazónica.

La trayectoria internacional de Dengue Dengue Dengue importa por algo más que la cantidad de países visitados o festivales conquistados. El dúo construyó una carrera sostenida desde una escena que suele exigir a los proyectos peruanos un esfuerzo adicional para conseguir atención, infraestructura y continuidad. Su instalación en Berlín los acercó a una red activa de clubes y productores, aunque también los expuso a los prejuicios de una industria que podía clasificarlos por su origen antes de escuchar su trabajo. En ese recorrido, la identidad visual y las colaboraciones formaron parte de una estrategia creativa amplia, mientras la música continuaba expandiendo sus referencias. Vestigio recoge esa experiencia y vuelve a plantear una pregunta que acompaña al dúo desde sus inicios. Qué puede ocurrir cuando una tradición se estudia de cerca y entra en diálogo con lenguajes que vienen de otros lugares.

Vestigio no necesita demostrar que Dengue Dengue Dengue todavía existe detrás de DNGDNGDNG. Esa continuidad aparece en las decisiones que sobreviven al cambio, en la investigación rítmica y en una identidad visual construida con el mismo cuidado que la música. Lo decisivo es que Felipe y Rafael se permiten alterar los códigos que ellos mismos ayudaron a instalar. Después de más de quince años de trabajo, el dúo vuelve sobre sus propias herramientas, las desmonta y acepta el riesgo de que algunas piezas ya no encajen como antes. El mérito del álbum está en esa disposición a poner en cuestión una fórmula que ya había demostrado su alcance. La reinvención adquiere sentido cuando obliga a encontrar nuevas respuestas, incluso a costa de dejar atrás aquello que antes parecía definitivo.

Escúchalo aquí: