Arquetipas: Nuevos moldes y patrones en Tipa Tipo [RESEÑA]

Por Gabriel de la Piedra.

¿Qué ocurre cuando un peruano se encuentra con una estadounidense? ¿Qué ocurre cuando son unos artistas con una sensibilidad única? ¿Qué pasa cuando construyen un universo sonoro que empieza a reverberar con otros músicos de diferentes latitudes en una escena que no tiene fin? ¿Qué pasa si esta escena está en una ciudad que cocina nuevos sonidos y los regala al mundo, a veces envueltos en papel de regalo y otras simplemente en cintas de embalar?

La verdad es que ni yo mismo sabría responder estas preguntas. La suerte es que todas ellas son parte de una realidad que, gracias al cosmos infinito, podemos percibir a través de sus canciones. Se trata del proyecto de Adele Fournet (USA) y Felipe Wurst (Perú), quienes llevan este paisaje auditivo hasta la estratósfera desde hace más de una década. No es novedad terminar preguntándome cuánto de esta música surge de esa configuración peculiar entre el talento y su contexto, sus integrantes y sus propias experiencias.

Tipa Tipo es todo esto y más. Un proyecto que nace en Lima, Perú, y que se encuentra en la actualidad, afincado en Estados Unidos. Es una agrupación que no se detiene en la exploración de colores latinoamericanos, texturas urbanas, sintetizadores incisivos y mucho pop (en el más amplio sentido de la palabra). Estos elementos se mezclan con las reminiscencias de sus influencias del pasado, que hoy son las de todos. Influencias como el disco y el soft rock son llevadas a un territorio musical propio y devueltas como una consecuencia inevitable. Es una banda que nos empuja a la piscina del eclecticismo pero que salta con nosotros tomados de la mano, con una sonrisa cómplice.

Hace algunos días, tuve la suerte de escuchar de principio a fin, Arquetipas, su nuevo álbum, y quedé gratamente sorprendido con el trabajo realizado para esta entrega. En su LP anterior, Cintas, encontramos un rugido constante: el ímpetu de una fiesta de la que uno no quiere partir. Y pienso que es ahí donde radica su magia y su éxito. Hoy esto ha cambiado. Nos enfrentamos a una banda que comienza a mirar la madurez del oficio, así como la consolidación de un estilo propio.

Este trabajo trae consigo una selecta lista de colaboradores de Latinoamérica y Estados Unidos. Nombres como Fe Baca, Cheo, Celeste Krishna, La Zorra Zapata, Natisú, Lalá y otros grandes músicos son una confirmación y garantía de la calidad y compromiso de la banda. Sin embargo, el primer nombre al que apunto es al del infaltable baterista Jordan Auber, quien se encarga de hacernos bailar en la mayoría de los tracks y que ha sido, desde el 2021, un pilar para la rítmica de la agrupación. Auber tiene un gusto especial y sabe muy bien dónde y cómo colocar un redoble o un patrón específico para lograr su cometido.

Esta entrega nos brinda una producción quirúrgica y sobria (pero poderosa) de la mano de Fournet, quien compuso la mayoría de los tracks. El LP cuenta también con contribuciones en la composición y producción de Wurst y Auber generando algunos puntos de inflexión vitales para el ritmo y la fluidez del álbum.  Cargado de una lírica con temáticas inteligentes, que no dejan de lado lo onírico, pero que poseen un ancla en la experiencia humana con su ya clásico spanglish, Arquetipas no hace sino llevar a Tipa Tipo al siguiente nivel y dejarnos con ganas de más.

La lista de tracks en esta producción trae muchas sorpresas. Algunas de estas canciones ya han visto la luz en las plataformas de streaming a manera de sencillos. Entre ellas, destaco El mundo puede esperar, donde La guitarra de Felipe Wurst hipnotiza con una introducción psicodélica, tibia y acogedora, para luego dar paso a unas voces armonizadas en una suerte de canto de sirenas con las que, redundando al título, solo podemos esperar a la voz de La Lá, quien colabora en este track y siempre es un placer absoluto oír cantar. Luego, se suma Andres Wurst terminando de redondear una interpretación que solo puede hacernos cariño con las texturas que se forman. La cereza del pastel es la flauta que aparece como viento del sur y que nos recuerda a algunos arreglos clásicos del soul o funk de los 70s.

En Peter Pan, la banda nos trae a la gran Zorra Zapata, en tal vez el track más rockero del álbum. Las texturas de la canción nos llevan a un País del Nunca Jamás bizarro, en donde la metáfora del personaje del nombre de la canción y su novia, Wendy, se combinan con la música para construir una moraleja útil para cualquiera de nosotros. La canción respira con calma dentro de una atmósfera mágica pero oscura, construida entre guitarras saturadas, trémulas y sintetizadores que oscilan entre el aquí y el allá.

De las canciones que completan Arquetipas, My Country Se Come Vivo, resulta una catarsis total a nuestros tiempos, con sintes y guitarras desaforadas que se deslizan entre armonías vocales, ajustadas al milímetro por la banda. Aquí nos encontramos a un Tipa Tipo que no teme denunciar nuestras propias distopías con disonancias muy bien colocadas, pero que no dejan de invitarnos a bailar hasta tocar el piso. Un track muy recomendable.

En Solo mover mi cuerpo, una colaboración con Lovetempo, se siente una reminiscencia ochentera hacia al R&B de la época. El bajo de Mattie Safer (The Rapture, Poolside) resulta único, sólido, poderoso. La guitarra, hacia el final de la canción, es tímida pero encaja de manera precisa complementando el arreglo vocal. Una canción sexy y calurosa como un ventilador de techo girando a la mínima velocidad en medio de una noche veraniega, siempre a media luz.

En resumen, Arquetipas, en su totalidad, resulta ser la banda sonora perfecta para una de las mejores noches de sus vidas. Es como esa reunión previa entre amigos que resulta ser un mejor plan que ir a donde se ha planeado ir. Es ese cóctel que solo Tipa Tipo sabe preparar y que trae consigo la cuota exacta de tropicalidad, relax, ritmo y la elegancia necesaria para convertirse en su bebida favorita. De esas que se debe beber por los oídos y que aterriza directo en el corazón. Entréguense, disfruten y no digan que no fueron avisados. ¡Salud!