La noticia suena a justicia poética: Buzzcocks tocarán en Lima. El 31 de mayo, el escenario del Yield Rock se convierte en campo de reencuentro con una historia que empezó en Manchester, cuando Pete Shelley y Howard Devoto decidieron que el punk podía hablar de obsesión, deseo, frustración y desamor sin pedir disculpas. Lo que crearon no fue solo ruido con propósito: fue una forma de reorganizar la sensibilidad juvenil en canciones tan feroces como memorables. Medio siglo después, su legado llega por fin a esta parte del mapa.
Para entender el impacto de Buzzcocks hay que pensar en ellos no como una banda de culto, sino como una mutación necesaria. Su debut en Lima invita a conectar con una célula madre del punk-pop. Mientras sus contemporáneos elegían el caos o el panfleto, ellos escribían “Ever Fallen in Love” y ponían en circulación un lenguaje nuevo: confesional pero agitado, melódico sin caer en lo cursi, angustiado sin buscar redención. Aquello que propusieron se convirtió en arquitectura emocional, directa y sin atajos.
Cuando el punk coqueteaba con la caricatura o el sermón, ellos abrían una puerta distinta. Más pegada al pecho que al puño en alto. De ahí que los hijos bastardos del grunge y el emo, los fans de Green Day, The Offspring o The Libertines, los respeten y los nombren como piedra angular. En 1994, Kurt Cobain los invitó personalmente a abrir los conciertos de Nirvana en Europa. Si alguien duda de su vigencia, Sonics in the Soul (2022) responde sin nostalgia: guitarras que todavía muerden, frases que aún aprietan el aire. No hay tributo, hay continuidad.
El show será de capacidad limitada. Eso significa cercanía. No una cumbre de festivales donde los ves a trescientos metros y te distrae una pantalla. Acá vas a sentirlos sin intermediarios, en una sala donde las canciones tienen el tamaño de los cuerpos que las cantan. Steve Diggle lidera ahora la formación, con la energía intacta, como si cada canción volviera a escribirse sobre el escenario. Las cicatrices siguen vivas, la electricidad no se ha ido.
Ver a Buzzcocks en Lima no debería ser un evento de nicho. Debería ser un ritual obligatorio para quienes creen que la música puede decir algo sin volverse sermón. En tiempos donde el punk se convirtió en estética o marketing, encontrarse con quienes le dieron forma sigue siendo un acto de rebeldía. Tal vez tu banda favorita nunca venga, pero la banda favorita de tu banda favorita sí. Y está por llegar.
Atrapa tus boletos aquí.

Yo se que esto también te gustará
-
Mi Mejor Amigo Scott presenta un concierto para celebrar la amistad sin clichés
-
Theremyn_4 presenta «El Escapista», arquitectura de fuga en código Drum and Bass
-
José Biggs comparte junto a Elvis De Yongol & Connie Isla «Deseos Hipnóticos»
-
Noche de Leyendas del Rock llega a Bianca con cinco tributos en una sola fecha
-
Eduardo Bravo le pone sintetizadores al sonido de la pérdida en su nuevo disco ‘El Largo Adiós’
