Valeria Aragón se escucha y se reconoce en su nuevo álbum ‘En el Retrato’

La artista y compositora peruana Valeria Aragón aprendió a hacer música escuchando aquello que normalmente dejamos pasar. Una conversación, los ruidos de una casa, el ambiente de una habitación o una voz intervenida podían convertirse en material para componer. Formada en música y canto, su recorrido ha pasado por la improvisación vocal, los paisajes sonoros, la creación audiovisual, las artes escénicas y hasta la escultura sonora. Su primer EP, Las Horas, apareció en 2021 como una pequeña cápsula de la cuarentena construida con registros de la vida cotidiana. Cinco años después, esa curiosidad permanece, aunque el objeto de observación ha cambiado. En En el Retrato, su primer álbum, Valeria dirige la escucha hacia sí misma.

Ese movimiento explica las diez canciones del disco mejor que cualquier etiqueta. Valeria trabaja dentro del pop experimental, pero su música no exige conocer sus códigos para entrar en ella. Conviven electrónica, cuerdas, alteraciones rítmicas, voces superpuestas y sonidos recogidos del mundo real, entre ellos un registro de la procesión del Señor de los Milagros. Los recursos aparecen en función de lo que la canción quiere comunicar y ayudan a representar estados emocionales que también se expresan desde la producción. Esa manera de construir viene de una artista acostumbrada a pensar el sonido como materia. Puede cortarlo, acumularlo, deformarlo o dejarlo respirar. La experimentación se convierte así en una forma de expresar aquello que las palabras no terminan de resolver.

En el Retrato nace de una pregunta tan sencilla de formular como difícil de responder: quién soy. Valeria imagina sus canciones como cartas dirigidas hacia ella misma y organiza esa búsqueda alrededor de dos fuerzas que llama dulzura y crudeza. En una encuentra la posibilidad de abrazarse, reconocerse vulnerable y aceptar lo que descubre. En la otra aparecen los miedos, las inseguridades y las zonas que cuesta mirar de frente. El disco asume esas contradicciones como parte del autoconocimiento. Un retrato honesto necesita también aquello que preferiríamos dejar fuera del cuadro.

La voz ocupa por eso un lugar decisivo. Valeria la conoce, la transforma y la utiliza para construir distintas versiones de sí misma, mientras las letras acercan al oyente a pensamientos que parecen ocurrir en plena búsqueda. A su alrededor, la producción que comparte con Mynezza Morales cambia según las necesidades de las canciones y conserva la libertad de sus trabajos anteriores. La artista que convirtió una cuarentena en paisajes sonoros, participó en proyectos interdisciplinarios y trabajó con improvisación encuentra ahora en la canción otra superficie para seguir investigando. Esa mirada alcanza lo visual. Valeria dirige creativamente el proyecto, desarrolla junto a Mich Luna la identidad gráfica del álbum y prepara un documental sobre su proceso de creación. Son distintas disciplinas trabajando alrededor de una misma pregunta personal.

En el Retrato llega después de años dedicados a escuchar, registrar y manipular sonidos, y esa experiencia permite entender mejor la clase de artista que Valeria Aragón ha construido. Su conocimiento de la experimentación le permite abordar una exposición personal donde conviven ternura, miedo, inseguridad, aceptación y oscuridad. Si Las Horas conservaba el sonido de un momento que transcurría alrededor suyo, este álbum intenta registrar un proceso mucho más difícil de capturar, el de reconocerse mientras uno todavía está cambiando. La pregunta sobre quién es Valeria permanece abierta al terminar el disco. Esa falta de resolución tiene sentido dentro de una obra dedicada precisamente a observar una identidad mientras todavía toma forma.

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