Joe Vasconcellos y los 30 años de ‘Toque’: Crónica de un círculo completado entre Lima y Santiago

Para quienes crecimos en el Perú analógico de mediados de los noventa, la señal de Uranio TV u Ok TV era nuestra ventana al continente. Entre el rock argentino y el pop mexicano, una melodía de brisa brasileña y corazón andino se filtró en nuestra memoria: «Huellas». En aquel entonces, Joe Vasconcellos era un nombre que asociábamos al verano y a la frescura de un videoclip rotando sin parar, pero poco sabíamos que estábamos ante la punta de lanza de un universo sonoro mucho más vasto.

Tres décadas después, el destino —y una acreditación facilitada por la fraternidad periodística— me puso frente al imponente Movistar Arena de Santiago. Caminar por el Parque O’Higgins por primera vez fue el preludio de un descubrimiento nuevo: entender por qué Joe es, en esencia, el pulso vital de Chile.

¿Quién es Joe Vasconcellos para Chile?

Para el lector peruano que le perdió el rastro tras los veranos de los noventa, hay que explicarlo así. Joe es el puente. Ex percusionista de los legendarios Congreso, Vasconcellos tomó su herencia brasileña (por su padre) y la mezcló con la premura del rock chileno de post-dictadura. Su álbum Toque (1995) fue el disco que enseñó a un país a bailar de nuevo, integrando la cumbia, el funk, la samba y la conciencia social. Es, para Chile, lo que una mezcla entre Miki González y un joven Juan Luis Guerra podría haber significado para nosotros. Una música que es, a la vez, fiesta y reflexión.

Una mistura generacional

Al ingresar al recinto, lo primero que rompió mis prejuicios de cronista extranjero fue la demografía del entusiasmo. En Perú, los hitos de los noventa suelen quedar atrapados en la nostalgia de una sola generación. Aquí no. El Movistar Arena era un mosaico con jóvenes en sus veintes que no habían nacido en 1995, familias completas y niños con camisetas del artista. Había una «mistura» de públicos que se sentía como un festival familiar, un respeto intergeneracional que es la prueba máxima de su vigencia.

Cuando Joe apareció en escena, la ovación mostró a una comunidad participando en un gran ritual. La banda, una maquinaria impecable, comenzó el recorrido por las veintisiete canciones que compusieron la noche. Uno de los momentos más profundos fue la aparición de Gepe, figura clave del pop chileno actual, para interpretar «Induce». Fue el símbolo perfecto del relevo: el maestro y el alumno celebrando una tradición solista. También brilló la complicidad con Nicole, la reina del pop chileno, y la experiencia de Nano Stern y Ema Pinto, quienes aportaron la cuota de trova y potencia vocal que estas canciones exigen.

Sonaron himnos que el público peruano debe redescubrir: «Mágico» (que ya supera los 50 millones en Spotify), la festiva «Las Seis», y la poderosa «Hijo del Sol Luminoso». Joe incluso se dio el lujo de homenajear a sus contemporáneos, haciendo una versión personal de «Mataz» de Lucybell, demostrando que su música carece de fronteras de género.

El cierre de un círculo geográfico

Ver a Joe en su casa permitió redescubrir que la música latinoamericana posee conexiones indestructibles. El público chileno se confirmó ante mis ojos como uno de los mejores de la región por estar siempre atento y presente. Salí del Movistar Arena con la sensación de haber completado un círculo que empezó frente a un televisor de tubo en Lima y terminó en el centro de Santiago.

Caminé por las calles aledañas al parque sintiendo el frío de la noche mientras los asistentes tarareaban los coros que acababan de presenciar. Me detuve a observar cómo la gente se abrazaba a la salida, compartiendo una alegría que trascendía lo musical. Semanas después, la Feria Pulsar me regalaría un segundo encuentro. Esa vez fui sin la presión de la prensa para disfrutar el momento. Entendí que las huellas se vuelven a caminar con más fuerza treinta años después. Regresé a mi país pensando en que la música posee la capacidad de devolvernos a casa sin importar dónde estemos. Me guardo el recuerdo de esa multitud cantando al unísono, recordándome que algunas canciones nos pertenecen a todos.

Agradecimientos a Joe Vasconcellos, su equipo, su banda y al equipo de prensa de Lotus.

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